El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota LA FIESTA DE LOS ÁZIMOS
Guardaréis, pues, la fiesta de los Ázimos, porque aquel mismo día saqué de la tierra de Egipto a vuestro ejército; por tanto, habéis de celebrar este día en vuestras generaciones por estatuto perpetuo. (Éxodo, Cap. VII, versículo 17.)
¡Hijos de Israel, pobladores de las doce tribus, descendientes de Abraham y de Jacob!, disponeos a abandonar vuestros hogares, escoged en vuestro rebaño el corderillo sin mancha, sano de carnes, blanco de piel y tierno de un año; vestíos con vuestras túnicas más nuevas, envolveos con vuestros mantos más finos y arrollad a vuestro cuello el corto talet de lino de color de jacinto. Empuñad el nudoso cayado del viajero, calzaos la sandalia de piel de toro, porque el día catorce del mes de Nisan[6] se acerca, la luna está en su lleno, el campo reverdece y se esmalta y engalana con el color de las flores, el espacio se llena de luz, el aire de perfumes y el sumo sacerdote os espera en los pórticos de la sinagoga de Jerusalén para entonar en vuestra presencia el canto de gracia al Santo de los Santos; al invisible Jehová, al protector de vuestra raza, en alabanza a la primera de vuestras festividades religiosas, a la más popular de vuestras romerías, a la fiesta de los Ázimos.[7]
