El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Abriéndose paso entre el gentío que rodeaba a su amado Hijo, llegó hasta Él, exclamando:
«—Hijo, ¿por qué lo has hecho así con nosotros? Mira cómo tu padre y yo te buscamos».[16]
Y Jesús le respondió:
«—¿Por qué me buscabais? ¿No sabéis que en las cosas que son de mi Padre me conviene estar?»[17]
Jesús quería decirles con estas palabras: Todo debe abandonarse por Dios. Su Madre lo comprendió y uniéndose de nuevo la Familia, salieron de la ciudad y se encaminaron hacia Nazaret. Por el camino, aquella Madre amorosa quiso saber cómo había vivido durante los tres largos días de separación, y se lo preguntó.
—¿Dónde has comido y dormido estos tres días, Hijo adorado, faltándote el cuidado de tu Madre?
—Dios no olvida a los pobres y la hospitalidad tiene las puertas abiertas para todos los desvalidos que llegan a ellas con la fe en el alma.
Jesús había mendigado el sustento por las calles de Jerusalén. Era el primer asomo de la mansedumbre que iba a predicar en breve, de la pobreza que iba a defender muy pronto.
Llegaron a Nazaret, donde Jesucristo creció en sabiduría, en caridad y en gracias, esperando la hora de su dolorosa peregrinación sobre la tierra del hombre.