El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota ¡HOSANNA EN LAS ALTURAS!
JesĂşs, en el camino de JericĂł a Bethania, se habĂa detenido unos instantes para que descansara la gente que le seguĂa.
«—Vamos a JerusalĂ©n —dijo a sus discĂpulos—, y serán cumplidas todas las cosas que escribieron los profetas del Hijo del Hombre; porque será entregado a los gentiles, y será escarnecido, azotado y escupido. Y despuĂ©s que le azoten, le quitarán la vida y resucitará al tercer dĂa».[86]
Los apĂłstoles, en cuyos corazones vivĂa rica y poderosa la fe, guardaban silencio sobre algunas cosas que no comprendĂan.
Cuando JesĂşs llegĂł a la aldea sacerdotal de Betfage, mandĂł a dos de sus discĂpulos a JerusalĂ©n. Éstos eran Juan y Pedro, los que debĂan seguir al hombre del cántaro, como dejamos explicado en el capĂtulo anterior.
JesĂşs, con los apĂłstoles, pasĂł la noche del trece de Nisán en la aldea. Al dĂa siguiente, cuando los rayos del sol comenzaron a extenderse sobre las copas de los olivos de GetsemanĂ, Cristo dijo a sus discĂpulos:
«—Id al lugar que está enfrente de vosotros,[87] y luego que entráreis en él, hallaréis un pollino atado, sobre el que no ha subido aún ningún hombre: desatadlo y traedlo».[88]
