El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota »El resto de la hostia, con reserva del pecho y de la espalda derecha, que pertenecía a los sacrificadores, fue entregado al esposo de Santa Ana, quien dividió los pedazos entre sus inmediatos parientes, en conformidad con las costumbres de su pueblo.
»Los últimos sonidos de las trompetas sacerdotales se percibieron a lo largo de los pórticos, y el sacrificio ardía aún sobre el altar de bronce, cuando un ministro del templo bajó al atrio de las mujeres para terminar la ceremonia.
»Ana, seguida de Joaquín y llevando a su hija en brazos y la cabeza cubierta con un velo, se adelantó hacia el ministro del Altísimo y le presentó la joven sirvienta del Señor, pronunciando conmovida estas tiernísimas palabras: “Yo vengo a ofreceros el presente que Dios me ha hecho”.
»El sacrificador hebreo aceptó, en nombre del Ángel que fecundiza el seno de las madres, el precioso depósito que le confiaba la gratitud y bendijo a los santos esposos, como Helí,[27] el pontífice, había bendecido en otro tiempo y en una circunstancia semejante al piadoso Elcana y a su dichosa consorte.
»Extendió en seguida las manos sobre la asamblea, que se inclinaba a su bendición pontifical:[28] “¡Oh, Israel! —exclamó—, dirija el Eterno hacia ti su luz, hágate prosperar en todas las cosas y concédate la paz”.