Manual de vida
Manual de vida El filósofo y el profano
Algunos, al ver a un filósofo, quieren también ellos filosofar.
Hombre, mira primero en qué consiste el asunto, y luego qué puede soportar tu propia naturaleza. Si luchador, mira tus hombros, tus muslos, tu espalda. Cada uno ha nacido para una cosa. ¿Crees que haciendo lo que haces puedes filosofar? ¿Crees que puedes comer igual, beber igual, enfadarte de esa manera, contrariarte de esa manera? Es preciso velar, esforzarse, vencer ciertos deseos, apartarte de tus familiares, ser despreciado por un muchachito, ser objeto de burla para los que te salgan al encuentro, ser menos en todo: en gobierno, en honras, en tribunales.
Una vez que hayas estudiado bien esto, si te parece, acércate si quieres obtener a cambio impasibilidad, libertad, imperturbabilidad. Si no, no te acerques, no sea que actúes como los niños: ahora filósofo, luego recaudador de impuestos, luego orador, luego procurador del César. Eso no concuerda. Has de ser un hombre o bueno o malo. Has de cultivar o tu propio regente o lo exterior. O pones tu esfuerzo en lo interior o en lo exterior. Es decir, o tener la disposición de un filósofo o la de un particular.
