Manual de vida
Manual de vida El verdadero hombre libre
Es libre el hombre sin impedimentos, el que tiene las cosas a mano como quiere. Aquél a quien se puede impedir, obligar o estorbar o empujarle a algo contra su voluntad es esclavo.
A ti ¿quién te aguantarÃa que ames a viejas y viejos y les limpies los mocos y los laves y les andes regalando y que a la vez los cuides como esclavo cuando están enfermos y estés rogando que mueran y preguntando a los médicos si se mueren ya? ¿O, también, que por esas grandes y venerables magistraturas y honras beses las manos de los esclavos ajenos para no ser ni siquiera esclavo de libres? Y luego me andas por ahà lleno de dignidad con tu pretura, con tu consulado. No sé cómo llegaste a pretor, de dónde recibiste el consulado, quién te lo dio. Yo ni vivir querrÃa si hubiera de vivir por Felición, soportando su gesto y su orgullo de esclavo. Porque sé que, aparentemente afortunado y lleno de orgullo, es un esclavo.
—Entonces, ¿tú eres libre? —dice uno.
—Por los dioses, lo quiero y lo pido, pero aún no puedo mirar cara a cara a los amos, aún honro al cuerpecito y aprecio en mucho el mantenerlo intacto aun cuando ya no lo tengo intacto[12].
