Manual de vida
Manual de vida Cómo preservar los afectos
En general, no os engañéis, cualquier animal a nada se habitúa tanto como a su propia conveniencia. Y lo que le parece que le estorba —sea ello un hermano, un padre, un hijo, un amado o un amante— lo odia, lo rechaza, lo maldice. Pues por naturaleza nada se ama tanto como la propia conveniencia. Ella es padre y hermano y parientes y patria y dios. Cuando nos parece que son los dioses los que ponen impedimentos, hasta a ellos los insultamos y derribamos sus estatuas y prendemos fuego a sus templos, como mandó Alejandro prender fuego a los templos de Asclepio cuando murió su amado.
Por eso, si uno pone en el mismo lugar la conveniencia y lo sagrado y la patria y los padres y los amigos, todo esto se salva. Pero si pone en un sitio la conveniencia y en otro los amigos y la patria y los parientes y la propia justicia, todo esto se va, hundido por el peso de la conveniencia. En donde uno ponga el «yo» y «lo mÃo» a ello es fuerza que se incline el ser vivo. Si en la carne, allà estará lo dominante; si en el albedrÃo, allà estará; si en lo exterior, allÃ. Por tanto, si yo estoy allà donde mi albedrÃo, sólo asà seré amigo, hijo y padre como se debe. Porque me convendrá esto: observar la fidelidad, el respeto, la paciencia, la abstinencia, la colaboración, mantener las relaciones.
