El palacio malvado
El palacio malvado A la mañana siguiente, Ella decidió visitar a Reed en la comisarÃa. Las miradas de los policÃas la siguieron mientras avanzaba por el pasillo frÃo y estéril. Cuando finalmente lo vio, sentado tras una mesa con las esposas aún puestas, sintió un nudo en el pecho.
—Ella —dijo Reed, su voz baja, cargada de cansancio. Sus ojos, sin embargo, brillaban con una chispa de esperanza al verla—. ¿Qué has encontrado?
—Algo grande —respondió, inclinándose hacia él—. Brooke estaba involucrada en algo peligroso, algo que no tiene nada que ver contigo. Voy a sacarte de aquÃ, lo prometo.
Reed le sostuvo la mirada por un momento antes de negar con la cabeza.
—No hagas promesas que no puedas cumplir. Esta familia es un desastre, y tú no deberÃas pagar por nuestros errores.
—¿Y qué se supone que haga? ¿Mirar cómo destruyen tu vida?
El silencio entre ellos era tan denso como la culpa que Reed cargaba, incluso si no era suya.
Esa tarde, Ella se dirigió al único lugar donde podrÃa encontrar respuestas: un club exclusivo en el centro de la ciudad. Las iniciales en el anillo del hombre de las fotos coincidÃan con el logotipo del lugar. En el interior, la atmósfera era sofocante, una mezcla de risas falsas y secretos peligrosos.