El palacio malvado
El palacio malvado En el horizonte, el precio de la sangre comenzaba a hacerse evidente.
El aire frÃo de la noche golpeaba el rostro de Ella mientras conducÃa de regreso a la mansión Royal. Sus pensamientos eran un torbellino de preguntas, amenazas veladas y pistas incompletas. La carta de Brooke, el hombre del club y el anillo dorado formaban un entramado peligroso que parecÃa estar al borde de explotar.
Al llegar, encontró la casa más silenciosa de lo normal. Las luces del salón estaban encendidas, pero no habÃa rastro de Callum ni de los hermanos Royal. Entró con cautela, su instinto gritándole que algo andaba mal. Fue entonces cuando vio una silueta en la penumbra, sentada en uno de los sofás.
—Estás jugando con fuego, Ella —dijo Gideon, sin siquiera mirarla—. Y todos sabemos lo que pasa cuando alguien se acerca demasiado al fuego.
Ella dejó su bolso sobre la mesa y cruzó los brazos, enfrentándolo.
—¿Qué sabes que yo no?
Gideon levantó la vista, sus ojos frÃos como el acero.
—Todo. Pero no soy yo quien deberÃa decÃrtelo.