El principe roto
El principe roto —Eres tan encantador cuando intentas ser heroico. —Brooke rió suavemente antes de volver a sentarse, como si no hubiera pasado nada. —Veamos cuánto tiempo puedes mantener esa fachada.
Reed se retiró, pero no sin prometerse algo: acabaría con esta pesadilla, aunque le costara todo. Esa noche, miró a su reflejo en el espejo, estudiando el rostro de alguien que ya no reconocía.
—Tienes que ser más fuerte que esto —se dijo a sí mismo en un susurro. Pero la culpa seguía colgando de su cuello como una cadena.
Sabía que debía hablar con Ella, ser completamente honesto, pero ¿cómo le explicas a alguien que amas que tus errores podrían destruir todo lo que tocan? ¿Cómo le pides perdón cuando ni siquiera puedes perdonarte a ti mismo?
La llamada de Ella llegó inesperadamente, su voz tan distante como las estrellas que Reed sentía imposibles de alcanzar. Lo citó en un parque al otro lado de la ciudad, lejos de la opulencia que él llamaba hogar, un lugar tan ordinario que parecía diseñado para arrancarle toda la prepotencia que cargaba como un peso muerto. Reed llegó primero, sentado en un banco de madera astillado, con las manos sudorosas y los pensamientos en espiral.
