Las Coéforas
Las Coéforas CLITEMNESTRA. Es triste para una mujer estar alejada del marido, hijo.
ORESTES. Sí, pero el trabajo del marido las mantiene reposadas en casa.
CLITEMNESTRA. Pareces decidido, hijo, a matar a tu madre.
ORESTES. Tú, no yo, te matarás a ti misma.
CLITEMNESTRA. Mira, guárdate de las perras vengadoras de una madre.
ORESTES. ¿Y cómo huiré de las de mi padre si renuncio a ello?
CLITEMNESTRA. Me da la impresión de que viva dirijo vanamente mis plegarias a una tumba.
ORESTES. La suerte de mi padre determina esta muerte para ti.
CLITEMNESTRA. ¡Pobre de mí!, engendré y nutrí esta serpiente.
ORESTES. ¡Ah, qué profeta tan verídico el terror que te inspiraban tus sueños! Mataste a quien no debías, sufre ahora lo que no debía ser. (Orestes, seguido de Pílades, arrastra a su madre dentro del palacio. La puerta se cierra. El coro vuelve a la orquesta.)