Las suplicantes
Las suplicantes ESTROFA 1.ª ¡Escucha, oh hijo de Palecton, con corazón benigno, rey de los pelasgos! Vuelve tus ojos hacia esta fugitiva que anda errante, cual ternera perseguida del lobo, entre peñascos abruptos, desde donde segura del refugio muge contando sus penas a su madre.
REY. A la sombra de ramos que, hace poco, fueron cortados, joven grupo veo delante de estos dioses agorales. ¡No traiga males el comportamiento de esas extrañas que son ciudadanas! No caiga de improviso y sin pensarlo mal sobre la ciudad: no lo precisa.
CORO.
ANTÍSTROFA 1.ª Que mire a este destierro que no daña Temis suplicadora, hija de Zeus que el destino reparte. Aprende, aun siendo viejo, del que es joven. Serás feliz si acoges a aquel que a ti se vuelve. La voluntad divina acepta las ofrendas de hombre puro.
REY. No es el hogar de mi palacio donde estáis sentadas. Si en común se pierde la ciudad, debe el pueblo hallar remedio en común: no me atrevo a hacer promesas sin consultar los hechos con mi pueblo.
CORO.
ESTROFA 2.ª El estado eres tú, tú eres el pueblo; señor no sometido a juez alguno, tú eres rey del altar, del hogar de esta tierra. Solo con el sufragio de tu frente, y solo con el cetro de tu trono tú lo decides todo. ¡Evita el sacrilegio!