Las suplicantes
Las suplicantes Esta es la primera pieza de una tetralogía. No se conservan las otras obras que la componían, pero se cree que son las tragedias Los egipcios y Las Danaides y el drama satírico Amimone. La problemática que plantea Esquilo en las suplicantes, es lo perjudicial de la democracia a la hora de tomar decisiones de gran urgencia. Pelasgo tiene que someter a votación la acogida en el seno de su pueblo a unas mujeres que defienden su derecho a disponer de su propia sexualidad y de su libertad frente al poder masculino. Esquilo deja patente en la obra, la oportunidad de la democracia en el gobierno de un pueblo. Pelasgo, lejos de mostrarse como un tirano, consulta a su pueblo sobre la suerte de las suplicantes y la posibilidad de verse implicado en una guerra en el supuesto de que se decida protegerlas.
Huyendo de los hijos de Egipto, rey de Egipto, las suplicantes o danaides (hijas de Dánao), llegan a Argos en busca de la protección de la ciudad. Llegan acompañadas por su padre, Dánao, y ruegan y suplican a los dioses que hundan las naves de los hijos de Egipto que andan persiguiéndolas: prefieren la muerte al matrimonio. El rey de Argos decide concederles la protección solicitada, cuando desembarcan los perseguidores de las danaides. El rey de Argos mantiene su protección a pesar de la llegada de los hijos de Egipto, y las suplicantes entonan un himno de gratitud.
