Los Persas
Los Persas MENSAJERO. Artembares, comandante de unos diez mil caballeros, en las ásperas riberas de Silenio fue abatido; Dadaces, jefe de mil, a los golpes de una pica, con un presuroso salto cayó al mar, desde su nave. Taragón, de entre los bactrios el de más noble linaje, la isla de Ayante ronda sacudido por las olas. Lileo, Arsames y Argestes, en la isla de las palomas vencidos, la dura tierra cornean. Y los vecinos del agua del Nilo egipcio, Arcteo, Adeves, y, a más, Farnuco el que escudo blande, desde una misma galera al mar cayeron. Matalo, el de Crisa, y que comanda una hueste de diez mil, muerto, su barba rojiza densa y umbrosa ha teñido en baño de roja púrpura. Árabe el Mago y Artabes, el de Bactria, que acaudilla la Caballería Negra de treinta mil caballeros, en dura tierra residen después de morir en ella. Amistres y aquel que blande una dolorosa pica, Anfistreo, y Ariomardo, el principe que causó a Sardes tantos dolores, y Sisames, el de Misia; Táribis, que cinco veces cincuenta buques comanda, el de linaje lirneo, el del arrogante porte, cadáver, yace, infeliz, no con muy buena fortuna. Siénnesis, el primero, en ardor, de los cilicios capitán, muerte gloriosa tuvo, después de causar él solo a los enemigos las pérdidas más cuantiosas. De todos estos caudillos he guardado la memoria, que, de entre tantas desgracias, estas os menciono solo.