Los Persas
Los Persas REINA. El que tiene experiencia en la miseria sabe, amigos, que tras una tormenta de miserias, el hombre se estremece ante cualquier evento, y cuando el hado le es favorable, cree que esta brisa habrá de serle siempre bienhechora. En cuanto a mí, estoy llena de terrores. Veo ante mí la hostilidad divina y resuena en mi oído ingrato acento. Tanto horror de mi espíritu ha hecho presa. Por ello de palacio aquí he venido sin mi carroza y sin el lujo de antes, para el que fuera el padre de mi hijo trayendo libaciones amorosas que aplacan a los muertos: blanca leche, y dulce, de una vaca nunca uncida, la labor de la obrera de las flores, la reluciente miel, y húmedas gotas de una fuente no hollada, y el humor, sin mezcla alguna, de salvaje madre, la gloria sin igual del viejo pámpano, y el fruto perfumado del olivo de perenne verdor, siempre lozano; también una guirnalda hecha de flores, las hijas de la tierra inagotable. Mas, ea, amigos, tras mis libaciones, dirigid vuestros cantos a los muertos, y conjurad el alma de Darío, en tanto yo a los dioses subterráneos mando esa libación que el suelo empapa.