Los Persas
Los Persas CORO. ¡Ay! ¿Dónde está tu buen Farnuco, dónde Ariomardo, noble guerrero? ¿Dónde Sevalces, aquel señor? ¿Dónde Lileo, de noble estirpe, Táribis, Menfis, dónde Masistres, dónde Artembares, e Histacmas, dónde? He aquí mi ruego.
ESTROFA 3.ª
JERJES. ¡Ay, ay de mí! Tras haber visto la noble, odiosa, ciudad de Atenas, todos a una, ¡ay, infelices!, su aliento exhalan sobre la arena.
CORO. ¿También el que era tan fiel vasallo como tus ojos, y que contaba la hueste persa por miñadas, Alpisto el hijo de Batanoco, hijo de Sésama, de Megabates, a Parto, a Ebares, el gran guerrero, allí has dejado, allí has dejado? ¡Oh, oh, infelices! A los ilustres persas relatas males sin cuento.
ANTÍSTROFA 3.ª
JERJES. Cuando me cuentas estas desgracias tan odiosas, inolvidables, sí, inolvidables, canto que evoca nobles amigos tú me sugieres. Grita, sí, grita dentro del pecho mi corazón.
CORO. A otros, aún, añoramos: a Jantes, que era el caudillo de diez mil guerreros mardos; a Arcares, el gran soldado; a Diáixis y a Arsames, esos jinetes sin par; y a Dadaces y a Litimnas, y a Tolmo, que del combate, no se saciaba jamás. Me estremezco, me estremezco al ver que no siguen ya tras esas tiendas con ruedas.
ESTROFA 4.ª