Los Persas

Los Persas

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

CORO. Estos son los fieles —y así se nos llama— de la hueste persa que a la tierra helena partió en son de guerra. Nos nombró guardianes del palacio, en oro y en tesoros rico, el rey de esta tierra, Jerjes, nuestro príncipe, hijo de Darío. Pensando en la vuelta del rey y del rico ejército nuestro, profeta de males se eriza en el pecho mi espíritu todo —que la fuerza entera, en Asia nacida, está ahora muy lejos, y a su dueño llama, sin que llegue nunca, correo o jinete a la tierra patria. Los muros de Susa y los de Ecbatana y el recinto cisio, un día, dejaron, unos a caballo, otros en bajeles, otros como infantes, formando una masa guerrera. Y, entre ellos, se encuentran Amistres, Artafrén y Astaspes, y el gran Megabates, capitanes persas, reyes y vasallos del Gran Rey, Custodios de la ingente hueste; con ellos, arqueros, marchan, y jinetes, de aspecto terrible, y en la lucha invictos por su gran coraje. También Artembares, que ama los corceles, Masistres e Imeo, excelente arquero, y, con Farandaces, Sostanes, que gusta de aguijar caballos. Otros ha enviado el fecundo Nilo: Susiscanes uno, y el hijo de Egipto, Pagastagón, otro; y el jefe de Menfis, la ciudad sagrada, Arasmes el Grande, y el que la vetusta Tebas señorea, Ariomardo, y quienes, barqueros insignes surcan los pantanos, en número enorme. Les sigue la hueste de los blandos lidios, y los que gobiernan sobre todo el pueblo que en el continente vive: Metrogates y Arcteo el valiente, reyes-capitanes, y la rica Sardes, opulenta en oro, envía a la lucha guerreros, en miles de carros de guerra, en sus batallones de dos y tres picas —horrendo espectáculo. También los vecinos del sagrado Tmolo imponer pretenden el yugo de esclavo sobre el país griego: Mardón y Taribis, yunques de la pica, y las flechas misias. Babel, igualmente, abundante en oro, de confusa masa manda contingentes en naves cargados. Detrás de Asia entera les sigue la masa de pueblos que blanden sus cortas espadas, del rey a las duras órdenes cediendo. Tal es, pues, la flor de los combatientes de la tierra persa, que partió a la lucha. Los crió del Asia el país entero y ahora de ardiente deseo aguijados los lloran esposas y padres, contando los días que pasan, y, al ir dilatándose, palpita su pecho.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker