Prometeo Encadenado
Prometeo Encadenado OCÉANO. ¿ES que ignoras acaso, Prometeo, que el odio es mal que las palabras curan?
PROMETEO. Cuando se ablanda el corazón a tiempo sin violentar el mal que está inflamado.
OCÉANO. ¿TÚ crees que es nocivo que alguien trate de cuidarse de ti? Aclara mis dudas.
PROMETEO. Es inútil trabajo y candor vano.
OCÉANO. Déjame padecer esta dolencia; que es ganancia, y no poca, el ser sensato, y parecer, en cambio, un insensato.
PROMETEO. Creerán que tu falta es cosa mía.
OCÉANO. TUS palabras devuélvenme a mi casa.
PROMETEO. TU compasión puede ganarte el odio…
OCÉANO. … ¿de aquel que se ha instalado en fuerte trono?
PROMETEO. ¡Guárdate de incurrir en su despecho!
OCÉANO. Buen ejemplo es tu caso, Prometeo.
PROMETEO. Anda, vete y conserva tu talante.
OCÉANO. Me invitas a partir cuando partía. Mi volador cuadrúpedo ya agita con sus alas la ruta de los aires, y ¡con qué gozo va a doblar sus miembros en el cubil que le es tan conocido!
(Se va).
CORO.