Prometeo Encadenado
Prometeo Encadenado FUERZA. Lamentarse por él no es un remedio. No te canses en vano, te aconsejo, por algo que no puede aprovecharte.
HEFESTO. ¡Ay, oficio mil veces denostado!
FUERZA. ¿Por qué has de maldecirlo? De tus penas tu oficio no es culpable en modo alguno.
HEFESTO ¡Así lo hubiese dado a otra persona!
FUERZA Todo es arduo, menos ser rey de dioses. Que, excepto Zeus, nadie en el mundo es libre.
HEFESTO. Lo sé, y no tengo nada que objetarte.
FUERZA. ¿Por qué, pues, tu retraso a encadenarlo? El Padre puede verte dando largas.
HEFESTO. Puedes ver ya el grillete entre mis manos.
FUERZA. Cíñele, pues, los brazos, y con fuerza clávalo a este peñasco a martillazos.
HEFESTO. (Lo hace). Mi tarea está lista y sin un fallo.
FUERZA. Remacha, aprieta aún más. No has de dejarle que esos lazos afloje; que, en su astucia, puede escapar incluso a lo imposible.
HEFESTO. El codo ha sido atado, y no se suelta.
FUERZA. Pues ata el otro con todas tus fuerzas; que aprenda al fin que, aunque muy listo, es torpe, una vez que con Zeus se le compara.
HEFESTO. Solo él de mi labor protestaría.
FUERZA. Pues clávale en el pecho la obstinada mandíbula de acero de esta cuña.
