Prometeo Encadenado
Prometeo Encadenado (Salen. La escena queda vacía. Solo PROMETEO permanece en ella, atado a la roca. Tras un largo silencio, habla de esta forma).
PROMETEO. ¡Éter divino, raudas brisas, fuentes de los ríos y sonrisa infinita de las olas del mar, Madre de todo! Pero también a ti quiero invocarte, ¡disco del sol, que todo lo contemplas! Miradme: soy un dios y, sin embargo, ¡qué trato he recibido de los dioses!
Mirad con qué torturas desgarrado por un espacio de años infinito, aquí he de padecer tormento horrendo. Tal es el lazo de cadena infame que contra mí inventó el rey de los Dioses. ¡Ay, ay! Por el presente y el futuro mal que me aguarda estoy llorando ahora. ¿Cuándo será el final de mis desdichas?
Pero ¿qué es lo que digo? De antemano bien conozco los males que me esperan: no puede sorprenderme daño alguno. Pues sé del Hado la invencible fuerza, habré de soportarla con paciencia. Pero callar o no estos infortunios no me ha sido otorgado: un don al hombre me ha uncido al duro yugo del destino: Robé del fuego, en una oculta caña, la recóndita fuente que sería maestra de las artes y un recurso para el hombre. Y aquí pago mi culpa clavado y aherrojado a la intemperie.
(Se percibe un rumor a lo lejos).