Tragedias griegas
Tragedias griegas ADMETO.— [420] Ya lo sé, y no me ha asaltado bruscamente esta desdicha. La conocÃa, y me atormentaba desde hace tiempo. Pero celebraré los funerales de este cuerpo. Ayudadme y permaneced aquÃ, cantando por turno un cántico fúnebre al Dios subterráneo a quien no se ofrecen libaciones. A todos los tesalianos en los cuales mando les ordeno que participen del duelo por esta mujer, con la cabellera rasurada y vestidos con peplo negro. Y vosotros, los que uncÃs las cuadrigas o sois llevados por caballos solos, cortadles con el hierro las crines del cuello[27]. [430] ¡Que en toda la ciudad, durante doce lunas enteras, calle el son de las flautas y de la lira! Porque no sepultaré ningún otro cuerpo más querido que éste y que más merezca de mÃ. Bien digna es de que yo la honre, ya que por mi ha muerto.
(Los sirvientes, Admeto y sus hijos vuelven a entrar en palacio acompañando el cadáver de Alcestis).
EL CORO.—
Estrofa I: ¡Oh hija de Pelias, habita felizmente en las moradas de Edes, ignorada de Halios! ¡Sepa Edes, el Dios de cabellos negros, y [440] sepa también el viejo conductor de los muertos que gobierna el remo y el timón, que ella es la mejor de las mujeres que ha pasado por el pantano de Akeron en la barca de dos remos!