Tragedias griegas
Tragedias griegas Acabamos de aludir a la tendenciosidad de los ataques de la Comedia contra Eurípides y a las razones de tal hecho. Parece oportuno ahora aducir algunos ejemplos de las obras de Aristófanes, que contienen críticas mordaces contra el racionalismo euripideo, y ver el proceso mediante el cual han influido en los autores que se dedicaban a una labor más o menos biográfica hasta el extremo de considerar como históricos unos ataques que no perseguían otra finalidad que halagar a un público conservador provocando su hilaridad. La obra de Aristófanes titulada Las Tesmoforiantes nos presenta un cuadro jocoso, dentro del conocido esquema cómico del mundo al revés, en el cual un grupo de mujeres aparece deliberando en asamblea y llegando al acuerdo de que es necesario dar muerte a Eurípides por el tratamiento y estudio tan directo y desvergonzado que lleva a cabo de las mujeres y de su enrevesada personalidad. El poeta, advertido de esta decisión que pone en peligro su vida, recurre a una curiosa artimaña para salir de situación tan comprometida. Convence a su anciano suegro de que, disfrazado de mujer, se introduzca de rondón en la asamblea de las mujeres y le defienda con toda suerte de argumentos de los yerros que le imputan. El pariente del poeta demuestra patentemente su ineptitud como abogado defensor de su yerno, lo cual provoca una serie de situaciones cómicas, con el consiguiente regocijo del público. Pues bien, si leemos a autores como Sátiro y Aulo Gelio, comprobaremos con asombro cómo nos hablan de anécdotas semejantes como si se tratase de hechos reales vividos por el trágico.