Tragedias griegas
Tragedias griegas LA NODRIZA.— Lo haré; pero temo no persuadir a mi señora, Sin embargo, me tomaré ese trabajo por complaceros, por más que, cual una leona recién parida, se irrite ella contra sus servidores cuando alguno se aproxima a hablarle. [190] No se cae en error llamando insensatos e imprudentes a los hombres antiguos que inventaron para fiestas y festines los himnos, esos cantos que alegran la vida, porque nadie ha hallado medio de endulzar, con el canto unido a la vibración de las cuerdas lÃricas, las tristes penas de los mortales; de ahà los asesinatos y los acontecimientos lamentables que arruinan a las moradas. Asà es como se debió curar [200] a los mortales con la música. ¿Dónde están los festines en que sirve de algo el canto? La alegrÃa del festÃn basta a la voluptuosidad de los mortales.
EL CORO (Epodo).— He oÃdo el clamor lúgubre de sus lamentos. Lanza gritos agudos y dolorosos contra el que ha traicionado su lecho, contra el hombre funesto que se casó con ella. En vista de los ultrajes que sufre, invoca a la hija de Zeus, guardiana del juramento, a Temis[72], [210] que la trajo a la Hélade situada frente a Colcos[73], haciéndola navegar de noche por los parajes salados y difÃciles del mar.
EPISODIO 1.º (214-409).