Tragedias griegas
Tragedias griegas MEDEA.— ¡Oh el más malvado de los hombres! —pues debo dar a tu cobardÃa el nombre más ultrajante—, has venido a mà como un enemigo de los Dioses, de mà misma y de toda la raza de los hombres. No hay firmeza ni valor [470] en mirar de frente a los amigos a quienes se ha ultrajado, y la impudicia es en los hombres el mayor de los vicios. Sin embargo, has hecho bien en venir, porque asà desahogaré mi corazón injuriándote, y gemirás al oÃr mis palabras. Pero empezaré por el principio. Te he salvado, como saben todos los helenos que embarcaron contigo en la nave Argos cuando fuiste enviado para uncir al yugo los toros que resoplaban llamas, y para sembrar el campo mortal. Y después de que maté al dragón vigilante [480] que guardaba el vellocino de oro envolviéndole en sus múltiples repliegues, te devolvà la luz de la salud[83]. Yo misma, abandonando a mi padre y mi morada, vine contigo a Iolcos, en la Peliótide[84], más presurosa que prudente. Y maté a Pelias de la manera más lamentable que se puede morir, valiéndome de sus propias hijas, y te libré de todo temor. ¡Y cuando estabas cubierto de mis beneficios, oh el más malvado de los hombres, me has traicionado, y has buscado un nuevo lecho nupcial, [490] teniendo ya hijos! Porque si no hubieras tenido hijos todavÃa, serÃa perdonable que desearas ese lecho. Pero ha desaparecido la fe en el juramento, y no sé si crees que los Dioses que reinaban entonces ya no reinan, o que ahora se han establecido entre los hombres nuevas leyes, ya que tienes conciencia de ser perjuro conmigo. ¡Ay! ¡mira esta mano que has estrechado tantas veces, y estas rodillas abrazadas en vano por un hombre pérfido! ¡Ay! ¡he perdido toda esperanza! Pero, en fin, te hablaré como a un amigo, por más que nada bueno, en verdad, [500] tengo que esperar de ti; te hablaré asà porque, interrogándote de este modo, quedarás cubierto de vergüenza. ¿Adónde volveré ahora? ¿A la morada de mi padre y a mi patria que he traicionado por venir aquÃ? ¿Me iré con las mÃseras hijas de Pelias? ¡En verdad que me recibirÃan bien en sus moradas, a mà que he matado a su padre! Ya ves qué destino es el mÃo. Soy odiosa para mis amigos domésticos, a quienes no debà hacer ningún mal, y por ti hice de ellos mis enemigos. Y a cambio de estos beneficios, [510] tú me has hecho la mujer más dichosa de la Hélade, y ¡desventurada de mÃ! poseo en ti un marido fiel y admirable. Tanto, que voy a huir, desterrada de este paÃs, privada de amigos, sola con mis hijos abandonados. ¡En verdad que constituirá una gloria para un recién casado el que sus hijos sean mendigos y vagabundos, como yo, que te he salvado! ¡Oh Zeus! ¿por qué has dado a los hombres métodos infalibles para distinguir el oro verdadero del oro falso, mientras que no hay método posible para distinguir al malo entre los hombres?