Tragedias griegas
Tragedias griegas MEDEA.— En efecto, es un hombre sabio y muy hábil para esas cosas.
EGEO.— Y es el más querido de todos mis huéspedes.
MEDEA.— ¡Sé feliz, y obtén lo que anhelas!
EGEO.— (Observando el gesto de Medea). Pero ¿por qué se enternecen asà tus ojos y tu rostro?
MEDEA.— [690] Egeo, mi marido es el peor de todos.
EGEO.— ¿Qué dices? Cuéntame todas tus penas.
MEDEA.— Jasón me ha injuriado sin haber recibido de mi ningún mal.
EGEO.— ¿Por qué? DÃmelo sin reservas.
MEDEA.— Sin contar conmigo, ha tomado otra mujer para dueña de su morada.
EGEO.— ¿Se ha atrevido a cometer acción tan vergonzosa?
MEDEA.— SÃ, por cierto; has de saber que me veo despreciada, yo que era amada antes.
EGEO.— ¿Es presa de otro amor, o ha tomado odio a tu lecho?
MEDEA.— Si, se ha apoderado de él un gran amor; ya no es fiel a lo que amaba.
EGEO.— ¡Que se vaya, pues, si, como dices, es infiel!