Tragedias griegas
Tragedias griegas TESEO.— ¡Ay! ¿Hasta dónde no irá el espÃritu humano? ¿Cuál será el término de su audacia y de su temeridad? Si su audacia, en efecto, crece con las generaciones, si el recién llegado es peor que el que le ha precedido, [940] será preciso que los Dioses añadan a ésta otra tierra para los malos y los perversos. (Señalando a Hipólito con el dedo). ¡Mirad a éste, que ha nacido de mÃ, que ha mancillado mi lecho y que, por manifestación de esta muerta, está convicto de ser el más grande de los malvados! (A Hipólito que le mira horrorizado). ¡Alza la faz ante tu padre, con toda tu mancilla! ¿Y eres tú quien vive con los Dioses, como el mejor de los hombres? ¿Eres tú el casto y puro de todo mal? En lo sucesivo no creeré en tu jactancia, [950] que me obligarÃa a pensar que los Dioses ignoran y se engañan. Envanécete, pues; usa del fraude, alimentándote de cosas sin vida; toma por maestro a Orfeo, delira y esparce humaredas de ciencia[235]; ¡estás cogido en el crimen! A todos aconsejo que huyan de los que se te parezcan. Sus palabras son magnÃficas y sus pensamientos vergonzosos. (Señalando el cadáver de Fedra). Ella ha muerto; pero ¿crees que esta muerte te salva? Esta misma muerte te acusa, ¡oh el peor de los hombres! [960] ¿Qué juramento, qué palabras podrán desmentir a estas tablillas y disculparte? ¿Dirás que ella te odiaba y que un bastardo es siempre odioso a los hijos legÃtimos? SerÃa preciso que estimase ella en muy poco la vida para sacrificar a su odio por ti lo más dulce que hay. ¿Quizá dirás que la impudicia es natural en las mujeres y no en los hombres? Pues yo conozco a hombres jóvenes que en nada son más invulnerables que las mujeres cuando turba Cipris su joven corazón, [970] aunque de algo les sirve la naturaleza viril que poseen. Pero ¿a qué refutar tus palabras, cuando aquà está este cadáver, que es el más abrumador de los testigos? Márchate, pues, desterrado de esta tierra en seguida, y no vuelvas a Atenas la divinamente fundada, y no te quedes en los confines de la tierra que manda mi lanza. ¡Porque, si yo sufriera esta injuria, Sinis el Ãstmico[236] negarla que fue muerto por mÃ, y me acusarÃa de haberme vanagloriado, y las rocas Scirónidas[237] del mar [980] ya no dirÃan que soy terrible para los perversos!