Tragedias griegas
Tragedias griegas PELEO.— ¡Oh venerable, oh esposa generosa! ¡salve, hija de Nereo! Digno de ti y de tus hijos es lo que haces. Cumpliendo tu orden, Diosa, calmaré mi dolor, y cuando haya sepultado a éste, ganaré el antro del Pelios[327], donde he rodeado con mis brazos tu hermosÃsimo cuerpo. ¿No conviene, pues, casarse sólo con mujeres descendientes [1280] de padres bien nacidos, casar a los hijos sólo con quien venga de ilustre familia, si se es sensato, y no ceder a los deseos de las uniones malas, aun cuando la esposa aporte a las moradas una dote riquÃsima? Jamás asà vienen desgracias de parte de los Dioses.
EL CORO.— Los Demonios se manifiestan de varias maneras, y los Dioses realizan muchas cosas contra nuestra esperanza, y las que esperamos no suceden, y un Dios hace sobrevenir las cosas inesperadas, y asà es como se ha producido ésta.