Tragedias griegas
Tragedias griegas EL CORO.— ¡Ay! ¡ay! ¡qué miserable cosa es ser esclavo! ¡Cuán amargo es aguantar a la fuerza lo que no debiera soportarse!
HÉCUBA.— ¡Oh hija! En verdad que se han disipado en el aire las palabras que dije en vano para librarte de la muerte; pero si puedes más que tu madre, exhala todos los trinos del ruiseñor y procura salvarte de la muerte. Cae lamentablemente a los pies de Ulises [340] y persuádele. Tienes una razón que dar, porque también él tiene hijos, y debe apiadarse de tu suerte.