Tragedias griegas

Tragedias griegas

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HÉCUBA.— Ninguna, a no ser que nombres a la misma miseria[359]. Pero sabe por qué caigo a tus rodillas. Si te parece que he sufrido justamente, me resignaré; [790] si no, véngame de un hombre, el más impío de los huéspedes, que, sin temer a los Subterráneos ni a los Uránicos, ha cometido la acción más odiosa, después de haberse sentado tantas veces a mi mesa y de darle yo hospitalidad más a menudo que a mis otros amigos. ¡Porque, tras de recibir todo de mí y aceptar la custodia de mi hijo, le ha matado! ¡Y además de matarle, no le ha juzgado ni siquiera digno de una tumba, y le ha tirado al mar! Pero si nosotras somos esclavas y débiles, los Dioses son fuertes y fuerte es la ley que los domina a ellos mismos, [800] y por ella existen los Dioses, y ella discierne en la vida lo justo y lo injusto. Si se viola esa ley que descansa en ti, si no se castiga a los matadores de sus huéspedes, que desprecian las cosas sagradas de los Dioses, es porque ya no hay justicia entre los hombres. Avergüénzate de eso, respétame, ten piedad de mí, y como el pintor que se aleja un poco para ver, contempla mis males. ¡En otro tiempo era yo reina, y ahora soy tu esclava; en otro tiempo tenía yo numerosos hijos, [810] y ahora estoy vieja, sin hijos, sin ciudad, siendo la más desdichada entre los vivos! ¡Ay, desdichada de mí! ¿Por qué te alejas de mí? ¡Ya veo que no obtendré nada! ¡Cuán desgraciada soy! ¿Por qué nos esforzamos los mortales en adquirir todas las ciencias y las deseamos, en lugar de perfeccionarnos en la de la persuasión, que es la única tirana de los hombres, en nada más nos afanamos por aprenderla a costa de un salario[360], para que nos sea posible, un día, convencer de lo que uno quisiera y obtenerlo a un tiempo? [820] ¿Y cómo aspirar todavía a ser feliz? ¡Por un lado, he perdido todos mis numerosos hijos, y por otro lado, paso por el oprobio de ser esclava, y veo el humo que se eleva por encima de mi ciudad! Entretanto —acaso sea inútil invocar a Cipris de antemano ahora; pero hablaré—, a tu lado se acuesta mi hija, la inspirada por Febo, laque los frigios llaman Casandra. ¿Cómo demostrarás ¡oh rey! que son dulces para ti estas noches? ¿Qué clase de agradecimiento tendrás para mi hija por los besos dulcísimos que te da en su lecho, [830] y qué clase de agradecimiento tendrás para mí a causa de ella? Porque en los vivos el mayor reconocimiento nace del amor que disfrutan en la oscuridad de las noches. Escucha ahora. Mira este muerto; protegiéndole, protegerás a quien está aliado a ti. Ya sólo me queda por decir una palabra. ¡Pluguiera a los Dioses que tuviese yo una voz que saliera de mis brazos, de mis manos, de mis pies, de mis cabellos, por arte de Dédalo o de cualquier Dios, a fin de que todo eso pudiera adherirse a la vez a tus rodillas llorando [840] y hablándote a la vez! ¡Oh señor, oh la mayor luz de los helenos! déjate persuadir, tiende una mano vengadora a la anciana, aunque ella nada signifique ya; pero, aun así, hazlo, porque cumple a un hombre generoso afirmar la justicia y castigar a los malos siempre y por doquiera.


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