Tragedias griegas
Tragedias griegas La aparición de una retórica científica, como arma para brillar en los foros políticos y judiciales, era enseñada por expertos que recibían el nombre de sofistas. Es innegable que la retórica dejó una profunda huella en toda la producción poética de Eurípides, especialmente en sus frecuentes diálogos y discursos, que casi siempre están presididos por una argumentación fría, calculada y con la evidente finalidad de derrotar al antagonista, como si el espectador asistiese a la batalla dialéctica de un tribunal o de la Asamblea popular de Atenas. Esta peculiaridad del teatro euripideo, que choca tanto a nuestra sensibilidad estética, lleva el sello patente, es menester insistir en ello, de la retórica sofística, de ese arte que pretendía convertir en fuerte el argumento débil y que recurría a complicadas ejercitaciones tomando como base personajes míticos, como la defensa de Palamedes y el elogio de Helena escritos por Gorgias. El afán por la retórica será el más firme apoyo del subjetivismo creciente. Ningún héroe será ya objetivamente culpable, como acontecía en el teatro de Esquilo y Sófocles; ahora tendrá siempre alguna excusa, algún punto en el que apoyar su defensa, alguien o algo contra lo que quejarse, bien sea la arbitrariedad divina, la injusticia de un destino heredado o los vaivenes incontrolables de la fortuna.