Tragedias griegas
Tragedias griegas La carencia de una filosofía que ofrezca una explicación coherente de la realidad, el escepticismo creciente en materia religiosa, el relativismo y el individualismo, que conducen al hombre a rechazar los postulados inquebrantables de una ética comunitaria, el ansia de ir en pos de una libertad sin fronteras, alumbran un ser humano sin convicciones, vacilante, dominado por sus pasiones incontenibles, que considera a la sinrazón del azar como única divinidad que mueve a todos los seres como si de marionetas se tratase. Todo ello constituye un claro precedente del futuro hombre del helenismo que Eurípides atisbaba ya con su inteligencia penetrante: «Hallamos en su arte un sorprendente presentimiento del futuro. Vimos que las fuerzas que cooperan en la formación de su estilo son las mismas que formarán las centurias siguientes: la sociedad burguesa (mejor en el sentido social que en el político), la retórica, la filosofía. Estas fuerzas penetran el mito con su aliento y son mortales para él. Deja de ser el cuerpo orgánico del espíritu griego, tal como lo había sido desde el origen, la forma inmortal de todo nuevo contenido vivo. Así lo vieron los adversarios de Eurípides y trataron de oponerse a ello. Pero abre con esto un alto destino histórico al proceso vital de la nación».
Tragedia y trasfondo mítico