Tragedias I
Tragedias I PEDAGOGO. —Antigua esclava de mi señora[6], ¿por 50 qué estás junto a las puertas tan solitaria, lamentando contigo misma desgracias? ¿Cómo consiente Medea en estar sola sin ti?
NODRIZA. —Anciano compañero de los hijos de Jasón, para los buenos esclavos es una calamidad que rueden mal las cosas de sus amos, y hace mella en 55 sus corazones. Yo he llegado a un grado tal de sufrimiento, que el deseo me ha impulsado a venir aquà a confiar a la tierra y al cielo las desgracias de mi señora.
PEDAGOGO. —¿No cesa aún la desgraciada en sus gemidos?
NODRIZA. —Envidio tu ingenuidad. El dolor está en 60 su principio y aún no ha llegado a su mitad.
PEDAGOGO. —¡Insensata!, si es lÃcito dirigirse asà a los señores. ¡Cuán lejos está de conocer sus nuevas desgracias![7].
NODRIZA. —¿Qué sucede, anciano? No rehúses hablar.
PEDAGOGO. —Nada. Bien arrepentido estoy de lo que acabo de decir.
NODRIZA. —No, por tu mentón[8] no ocultes nada a 65 tu compañera de esclavitud, pues yo guardaré silencio si es necesario.