Tragedias I
Tragedias I 85 SILENO. —Estoy viendo junto a la playa el casco de una nave griega y a los señores del remo[12] que avanzan, al mando de un capitán, hacia esta cueva. En torno a sus cuellos llevan vasos vacíos, pues tienen necesidad de comida, y jarros para el agua. ¡Desdichados 90 extranjeros! ¿Quiénes serán? No saben qué clase de hombre es nuestro amo Polifemo, para haberse atrevido a poner el pie en esta morada hostil al huésped y haber llegado, para su desgracia, a la mandíbula antropófaga del Cíclope. Mas tranquilizaos, para que nos podamos 95 enterar de dónde vienen a esta roca siciliana del Etna.
ODISEO. —Extranjeros, ¿podríais indicarme de dónde sacar agua corriente, remedio de nuestra sed, y si alguno quiere vender provisiones a marineros que están necesitados? ¿Qué es lo que veo? Me parece que hemos caído en la ciudad de Bromio; estoy viendo aquí 100 junto a la cueva un grupo de Sátiros. Empiezo por saludar al más anciano.
SILENO. —Te saludo, extranjero, dinos quién eres y cuál es tu patria.
ODISEO. —Odiseo de Ítaca, señor de la tierra de los Cefalenios[13].
SILENO. —Te conozco, crótalo penetrante, progenie de Sísifo[14].
ODISEO. —Ése soy yo, pero deja de injuriarme.105