Tragedias I
Tragedias I CORIFEO. —Asà lo haré. Tú tienes derecho a castigar a tu esposo, Medea. No me causa extrañeza que te duelas de tu infortunio. Pero estoy viendo a Creonte, 270 señor de esta tierra, que se acerca, mensajero de nuevas decisiones.
CREONTE. —A ti, la de mirada sombrÃa y enfurecida contra tu esposo, Medea, te ordeno que salgas desterrada de esta tierra, en compañÃa de tus dos hijos y que no te demores, ya que yo soy el árbitro de esta orden, no regresaré a casa antes de haberte expulsado 275 fuera de los lÃmites de esta tierra.
MEDEA. —¡Ay, estoy completamente perdida, desgraciada de mÃ! Mis enemigos despliegan todas las velas y no hay desembarco accesible para escapar a esta desgracia[24]. Mas, a pesar de mi situación 280 desfavorable, voy a hacerte una pregunta. ¿Por qué me expulsas de esta tierra, Creonte?
CREONTE. —Temo que tú, no hay por qué alegar pretextos, causes a mi hija un mal irreparable. Muchos motivos contribuyen a mi temor: eres de naturaleza 285 hábil y experta en muchas artes maléficas, y sufres por verte privada del lecho conyugal. Oigo decir que amenazas, asà me lo refieren, con hacer algo contra el padre que ha concedido en matrimonio a su hija, contra el esposo y la esposa. Antes de que esto suceda, tomaré mis precauciones. Preferible es para mà 290 atraerme ahora tu odio, mujer, que llorar luego amargamente mi blandura.