Tragedias I
Tragedias I MEDEA. —De palabra no, pero está dispuesto a aceptarlo. (Arrojándose a los pies de Egeo). ¡Por tu mentón y por tus rodillas, aquà me tienes ante ti, 710 suplicante! ¡Compadécete, compadécete de mà desdichada! ¡No consientas que sea desterrada y abandonada! ¡Acógeme en tu paÃs y al calor del hogar de tu casa! ¡Que tu deseo de tener hijos se cumpla por voluntad de los dioses y tú mismo mueras feliz! No sabes el 715 hallazgo que has hallado aquÃ. Acabaré con tu esterilidad y haré que puedas engendrar hijos; tales son los remedios que conozco.
EGEO. —Por muchas razones deseo concederte este favor, mujer; primero por los dioses, luego por los 720 hijos cuyo nacimiento prometes, ya que soy completamente incapaz de conseguirlos[52]. Mira lo que me propongo: cuando vengas tú a mi tierra, me esforzaré en 725 ser hospitalario contigo, como es justo. Sólo voy a indicarte una cosa, mujer: yo no tengo la intención de llevarte fuera de esta tierra, mas si por ti misma te presentas en mi casa, permanecerás inviolable y a nadie te entregaré. Aparta ahora tú el pie de esta 730 tierra, pues quiero estar entre mis huéspedes sin reproche alguno[53].
MEDEA. —Asà será. Pero si tuviera alguna garantÃa de tus promesas, estarÃa completamente satisfecha de tu comportamiento.