Tragedias I
Tragedias I HERALDO[6]. —Piensas quizá que es hermoso el sitio 55 en que te has sentado y que has llegado a una ciudad aliada, porque desvarÃas. Pues no hay quien vaya a preferir tu poder inútil a cambio del de Euristeo. ¡Vete de ahÃ! ¿Por qué te tomas esas fatigas? Es preciso que tú te levantes para dirigirte a Argos, donde 60 te aguarda la pena de lapidación.
YOLAO. —No por cierto, pues me defenderá el altar del dios, y la tierra libre que estoy pisando.
HERALDO. —¿Quieres añadirle trabajo a esta mano mÃa?
YOLAO. —Ni a mà ni a éstos nos llevarás y no trates de cogernos a la fuerza.
HERALDO. —Lo vas a ver tú. No eres un buen adivino al 65 respecto.
YOLAO. —Jamás podrá suceder eso mientras yo viva.
HERALDO. —Levanta. Yo a éstos, aunque tú no quieras, me los llevaré por considerarlos de quien precisamente son, de Euristeo.
YOLAO. —¡Oh vosotros que habitáis Atenas desde hace largo tiempo! ¡Defendednos! A pesar de que somos suplicantes de Zeus, protector del ágora, se nos 70 hace violencia y pisotean nuestras diademas[7]. ¡Ultraje para la ciudad y deshonra hacia los dioses!