Tragedias I
Tragedias I 135 HERALDO. —Soy argivo, pues quieres saberlo. Para qué y de parte de quién he venido, quiero contártelo. Me envÃa aquà Euristeo, señor de Micenas, para llevarme a éstos. He venido, oh extranjero, con muchos motivos al mismo tiempo, tanto para obrar como para 140 hablar. Siendo yo en persona argivo, trato de llevarme a estos argivos fugitivos de mi tierra, condenados a morir por las leyes de allÃ. Pues por habitar una ciudad es justo que ejecutemos las sentencias soberanas sobre nosotros mismos. A pesar de que ellos han llegado 145 a los hogares de otros muchos, insistimos en esas mismas razones y nadie se ha atrevido a ganarse daños personales. Mas han venido aquà por haber reparado en alguna locura al pensar en ti, o por correr desde su situación irremediable el riesgo de si va a 150 suceder o no tal desvarÃo. Pues no esperan, sin duda, si eres cuerdo al menos, que tú solo de entre tantos paÃses griegos a los que han acudido, vayas a apiadarte de sus insensatas desgracias. ¡Ea! Compara, en efecto: ¿qué provecho tendrás si admites a éstos en tu 155 paÃs, y cuál si nos permites llevárnoslos? De nuestra parte te es posible recibir lo siguiente: el poderÃo tan importante de Argos y toda la fuerza de Euristeo para apoyar a esta ciudad. Pero si te ablandas por atender las palabras y lamentos de éstos, el asunto va a derivar en un combate de lanza. Pues no pienses 160 que dejaremos este pleito sin contar con el hierro[8]. ¿Qué dirás, entonces? ¿De qué llanuras te habÃamos privado? ¿Por defender a qué tipo de aliados, y en defensa de qué habrán caÃdo los muertos que entierres? 165 Realmente adquirirás mala fama ante los ciudadanos, si metes el pie en una sentina por causa de un viejo, de una tumba, de quien nada es, por decirlo asÃ, y de estos niños. Dirás —en el caso mejor— que vas a encontrar en ellos tan sólo una esperanza. También eso está muy dudoso en la situación presente. 170 Pues contra los argivos de mala manera podrÃan luchar éstos, armados, al llegar a la edad militar, si es que eso te eleva algo el espÃritu. Y mucho es el tiempo de en medio, en el cual podrÃais ser aniquilados. Mas hazme caso. Sin darme nada, sino permitiendo 175 que me lleve lo mÃo, gánate a Micenas, y que no te pase lo que soléis hacer: que, siendo posible elegir por amigos a los mejores, prefieras a los que son peores.