Tragedias I
Tragedias I DEMOFONTE. —Entonces no te vas a ir fácilmente hacia Argos.
HERALDO. —Haciendo la prueba lo sabré al punto.
DEMOFONTE. —Pues si los tocas, llorarás y no a largo 270 plazo.
HERALDO. —NO te atrevas, por los dioses, a golpear a un heraldo.
DEMOFONTE. —SÃ, si el heraldo no aprende a ser prudente.
CORIFEO. —Vete. (Al Heraldo). Y tú, señor, no le pongas las manos encima.
HERALDO. —Me marcho. Pues débil es el combate de una sola mano. Pero vendré aquà con numeroso 275 batallón, todo armado de bronce, de Ares argivo[14]. Innumerables guerreros con escudo me esperan y también mi señor Euristeo que conduce el ejército en persona. Aguardando con impaciencia noticias de aquà espera en la mismÃsima frontera de Alcátoo[15]. Cuando 280 sepa tu insolencia aparecerá centelleante contra ti, tus ciudadanos, esta tierra y sus cultivos. Pues en vano poseerÃamos en Argos tan numerosa juventud en edad militar, si no nos vengáramos de ti.
DEMOFONTE. —Asà te mueras. No temo yo a tu Argos. No ibas a llevarte a éstos de aquà por la fuerza, haciéndome 285 sentir vergüenza. Pues no tengo yo a esta ciudad por vasalla de la de los argivos, sino por libre.