Tragedias I
Tragedias I DEMOFONTE. —Ha llegado el ejército argivo y su 390 señor Euristeo. Yo mismo lo he visto. Pues es necesario que un hombre que afirma que sabe conducir perfectamente un ejército no observe a los enemigos mediante mensajeros. Ahora bien, todavía no ha lanzado el ejército hacia esta llanura del país, sino que, sentado en una altura rocosa, observa —esto te lo digo 395 ya como opinión— por dónde introducirá su ejército sin lucha[19] y lo asentará con seguridad en esta tierra. Y, sin embargo, también lo mío está ya dispuesto de forma conveniente. La ciudad en armas; las víctimas están en pie, preparadas para los dioses a quienes sea 400 preciso degollarlas; la ciudad por mano de los adivinos hace sacrificios: trofeos sobre los enemigos y medios de salvación para la ciudad; tras reunir en un solo punto todos los cantores de oráculos, los he comprobado, y también las antiguas respuestas de los oráculos, tanto las profanas como las ocultas, medios de 405 salvación para este país. Muchas son las diferencias de las profecías restantes, mas de entre todas destaca una sola e idéntica opinión. Mandan que yo degüelle en honor de Core[20], hija de Deméter, una doncella que sea hija de padre de buen origen. Yo tengo, como ves, 410 un afán muy grande hacia vosotros, pero no voy a matar a mi hija ni obligaré a ningún otro de mis ciudadanos a pesar suyo. Pues, ¿quién, de propia voluntad, razona tan mal que entregue de sus manos a sus hijos muy queridos? Ya, ahora, pueden verse amargas reuniones, 415 diciendo unos que era justo defender a los extranjeros suplicantes, pero acusándome otros de locura. Si, además, hago eso, se suscitaría una guerra intestina. Pues bien, mira tú eso y descubre a la vez 420 cómo os salvaréis vosotros y este suelo y no seré yo objeto de calumnia ante los ciudadanos. Porque no tengo yo una tiranía como sobre bárbaros; sino que si hago cosas justas, cosas justas me pasarán.