Tragedias I
Tragedias I CÍCLOPE. —(A Odiseo). La riqueza, hombrecito, es dios para los sabios. Lo demás es rumor y bellas palabras. Lo mando a paseo a los promontorios marinos que habita mi padre. ¿A qué vienes tú con estos argumentos? Yo no tiemblo ante el rayo de Zeus, 320 extranjero, yo no sé en qué Zeus es un dios superior a mí. Lo demás no me interesa y, como me trae sin cuidado, escucha: cuando desde arriba se derrama la lluvia, en esta casa tengo refugio cubierto y me 325 engullo un ternero asado o bien algún animal salvaje y, empapado bien mi estómago horizontal, después de apurar un ánfora de leche, hago resonar con pedos mi túnica, haciendo un ruido que puede competir con los truenos de Zeus. Y cuando la tramontana de Tracia[29] vierte nieve, envuelvo mi cuerpo con pieles de 330 animales y enciendo fuego, y de la nieve nada se me da. Y la tierra por fuerza, quiera o no quiera, dando a luz hierba, ceba mi ganado. Yo no se lo sacrifico a nadie que no sea yo —a los dioses, ni hablar— o la más 335 grande de las divinidades (con un gesto): esta tripa que veis. Pues beber y comer cada día, eso sí que es Zeus para los hombres sabios, y no entristecerse por nada. En cuanto a los que establecieron las leyes, abigarrando la vida de los hombres, los invito a pudrirse. Yo no dejaré de hacer el bien a mi persona, ni de 340 comerte a ti. Como dones de hospitalidad recibirás, para que yo no pueda granjearme así reproche, fuego, este agua paterna[30] y un caldero que, cociendo, envolverá a las mil maravillas tu carne mala de digerir. 345 Entrad dentro, por lo tanto, para que, en honor del dios de mi cueva, de pie alrededor del altar, me procuréis un magnífico banquete.