Tragedias I
Tragedias I Menelao, ea, pues, llevemos al final nuestros razonamientos. Yo estoy muerta a manos de tu hija y me ha aniquilado. Ya no podrÃa evitar ella la mancilla del 335 crimen. Ante el pueblo también tú tendrás que defenderte en juicio por este asesinato, pues te forzará a ello la circunstancia de haber colaborado. Y, además, si yo me libro de morir, ¿mataréis a mi hijo? Y luego, ¿cómo soportará fácilmente el padre que haya muerto 340 su hijo? Troya no lo estima tan cobarde. Irá hasta donde sea preciso —pues se mostrará realizando hazañas dignas de Peleo y de Aquiles, su padre—, y expulsará a tu hija de casa. Y tú, ¿qué dirás al darla en matrimonio a otro? ¿Acaso que su sensatez huye de 345 un marido malo? Mas será mentira. ¿Y quién la tomará por esposa? ¿O es que la mantendrás en tu casa sin marido, como una viuda canosa? ¡Oh hombre desdichado! ¿No ves la llegada de tan grandes males? ¿Con cuántas concubinas preferirÃas tú descubrir que 350 tu hija es vÃctima de injusticia antes que te ocurriera lo que yo digo? No hay que preparar grandes males por cosas pequeñas, ni tampoco, porque las mujeres seamos un mal funesto, han de parecerse los hombres a las mujeres en el modo de ser. Pues, si yo 355 doy drogas a tu hija y hago abortar su vientre, como ella dice, yo misma, de grado y no por la fuerza, ni tampoco postrada en el altar, me someteré a juicio ante tu yerno, para quien soy culpable de un daño 360 no inferior por causarle la falta de hijos. En tal disposición me encuentro yo. Pero respecto a tu intención… Una cosa temo de ti. A causa de una discordia por una mujer[24] aniquilaste también a la desdichada ciudad de los frigios.