Tragedias I
Tragedias I ANDRÓMACA. —Éstos, oh anciano, me llevan a morir 560 con mi hijo tal como ves. ¿Qué te voy a decir? No te mandé buscar con el celo propio de una sola llamada, sino por innumerables mensajes. La discordia que hay en casa por obra de la hija de éste la sabes por haberla oÃdo en alguna parte, y también por qué 565 motivo perezco. Ahora me conducen después de haberme arrancado del altar de Tetis, la que para ti dio a luz a tu noble hijo, a la que tú veneras como digna de admiración, sin haberme condenado en juicio alguno y sin esperar a los que estaban ausentes del palacio, 570 sino con conocimiento de mi soledad y la de este hijo mÃo, a quien, sin culpa ninguna, se disponen a matar conmigo, la desdichada. Pero te suplico, oh anciano, postrándome delante de tus rodillas —pues no me es posible coger tu queridÃsima barba con la mano— que 575 me defiendas, por los dioses. Si no, moriremos, de modo ultrajante para vosotros y desdichado para mÃ, anciano.
PELEO. —Ordeno que soltéis sus ligaduras, antes que alguno llore, y liberéis las dos manos de ésta.
MENELAO. —Y yo lo prohÃbo, uno que no es inferior 580 a ti y mucho más dueño de ésta.
PELEO. —¿Cómo? ¿Es que vas a gobernar mi casa viniéndote aqu� ¿No te basta con mandar sobre los de Esparta?
MENELAO. —Yo la cogà de Troya como prisionera.