Tragedias I

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HÉCUBA. —No existe, de no ser que te refieras a la Desgracia[32] en persona. Mas, ea, escucha por qué motivos me postro en torno a tus rodillas. Si te parece que es piadoso lo que me aflige, yo acaso me resigne. 790 Pero, si lo contrario, sé tú mi vengador contra ese hombre, el huésped más impío, que, sin miedo a los de bajo tierra, ni a los de arriba, acaba de realizar una acción muy impía, a pesar de haber compartido muchas veces una mesa común conmigo y una hospitalidad, por el número de veces, de primer orden entre 795 mis amigos, y de haber obtenido cuanto era necesario…, y ahora, habiendo tomado precauciones, lo mató. Y no lo consideró digno de una tumba, una vez que quería matarlo, sino que lo arrojó por el mar. Pues bien, yo soy esclava y débil, sin duda. Pero los dioses tienen fuerza y también la Ley, que tiene poder sobre 800 ellos. Pues por la ley consideramos a los dioses y vivimos teniendo definido lo justo y lo injusto. Ley, que si, cuando acude ante ti, va a ser destruida, y dejan de pagar su castigo los que matan a sus huéspedes o 805 se atreven a llevarse lo consagrado a los dioses, es que no hay ya nada de equitativo entre los hombres. Pues bien, considera esas acciones entre las deshonrosas y respétame a mí. Compadécete de mí, y situándote a distancia, como un pintor, mírame y considera qué desdichas tengo. Reina era yo antaño, pero ahora 810 esclava tuya; abundante en hijos era otrora, mas ahora vieja y sin hijos al mismo tiempo, sin ciudad, sola, la más desgraciada de los mortales. ¡Ay de mí, infeliz! ¿Adónde retiras tus pies? Parece que no voy a conseguir nada. ¡Oh infeliz de mí! ¿Por qué, de tal modo, los mortales nos esforzamos por los demás saberes, como es debido, y los buscamos todos, y, en cambio, 815 la persuasión, la única tirana de los hombres, en nada más nos afanamos por aprenderla a costa de un salario[33], para que nos sea posible, un día, convencer de lo que uno quisiera y obtenerlo a un tiempo? Ahora 820 bien, ¿en qué se podría esperar todavía tener éxito? Pues los hijos que yo tenía ya no existen para mí, y yo misma estoy prisionera en situación vergonzosa. Estoy perdida. Ahí veo el humo que se alza por encima de mi ciudad. Y bien, tal vez sea vano el siguiente tema de argumento: invocar a Cipris como pretexto. 825 Pero, con todo, será dicho. Junto a tu costado duerme mi hija, la inspirada por Febo, a la que llaman Casandra los frigios. ¿Dónde, pues, demostrarás, señor, que tus noches te son gratas, o qué gracia obtendrá mi 830 hija por sus agradabilísimos abrazos en tu cama, y yo por ella? De la sombra y de los amorosos tratos nocturnos se origina un gran agradecimiento entre los mortales. Oye, pues. ¿Ves este muerto? Si te portas bien lo tratarás como a un pariente. Mi relato está 835 necesitado de una sola cosa. ¡Ojalá se me produjera voz en los brazos, manos, cabellos y en la planta de los pies, bien por las artes de Dédalo, bien por las de alguno de los dioses, para que todas esas partes a un tiempo se cogieran de tus rodillas llorando, 840 recomendándote todo tipo de argumentos! ¡Oh amo! ¡Oh la luz más grande para los helenos! Haz caso, ofrece tu mano vengadora a esta anciana, aunque yo no sea nada, a pesar de todo. Pues es propio de un 845 hombre noble servir a la justicia y hacer mal sin cesar a los malvados en todas partes.


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