Tragedias I
Tragedias I 1160 Y, luego, después de los saludos tranquilos —¿cómo crees?—, sacando de pronto unos cuchillos desde algún lugar de sus peplos, clavan el aguijón a mis hijos, y, otras, después de apoderarse de mí como enemigas, sujetaban mis manos y piernas. Y cuando yo quería 1165 ayudar a mis hijos, cada vez que levantaba mi rostro, me sujetaban de la cabellera, y cada vez que movía las manos, no conseguía nada, infeliz de mí, en medio de la multitud de mujeres. Y, por último, un sufrimiento mayor que el sufrimiento, realizaron una cosa 1170 terrible. Cogiendo unos alfileres pinchan las desgraciadas pupilas de mis ojos, las ensangrientan. Luego, se fueron huyendo por la casa. Y yo, dando un salto, persigo como una fiera a las perras manchadas de crimen, rastreando toda la pared, como un cazador, 1175 tirando cosas, dando golpes. Tales cosas acabo de sufrir, Agamenón, porque me afano en favor tuyo y he matado a tu enemigo. Para no extenderme en largos discursos, si es que alguno de los de antes ha hablado mal de las mujeres, o hay ahora alguno que hable, o se disponga a hablar, yo, resumiendo todo eso lo 1180 confirmaré. Realmente, ni el mar ni la tierra crían una raza de tal laya. Lo sabe el que, en cada ocasión, tropieza con ella.