Tragedias I
Tragedias I HÉCUBA. —Agamenón, entre los hombres serÃa necesario que la lengua jamás tuviera más fuerza que los hechos. Sino que, quien ha obrado bien deberÃa hablar bien, y quien ha obrado mal, que sus palabras fueran 1190 de mala ley y que jamás pudiera elogiar lo injusto. Hábiles son los que conocen esto con precisión, pero no pueden ser hábiles hasta el fin, sino que perecen de mala manera. Ninguno ha escapado todavÃa. Lo que 1195 a ti te conviene asà consta en mi preámbulo. Mas iré contra éste y replicaré a sus palabras. Tú que dices que mataste a mi hijo tratando de librar a los aqueos de un trabajo doble y a causa de Agamenón. Mas, oh malvadÃsimo, en primer lugar, una raza bárbara jamás 1200 llegarÃa a ser amiga de los helenos, ni podrÃa ocurrir. ¿Qué beneficio procurabas obtener cuando estabas tan obsequioso? ¿Ibas a entablar parentesco matrimonial con alguno, o es que eras familiar suyo, o qué motivo tenÃas? ¿O es que iban a devastar las plantaciones de tu paÃs si venÃan por mar otra vez? ¿A quién piensas 1205 que van a convencer estas cosas? El oro, si quisieras decir la verdad, mató a mi hijo, y también lo hizo tu deseo de lucro. A continuación explÃcame esto: ¿cómo es que cuando Troya era afortunada, y la muralla de 1210 torres estaba en torno a la ciudad, y vivÃa PrÃamo y la lanza de Héctor florecÃa, por qué no mataste entonces a mi hijo, ya que lo criabas y tenÃas en tu palacio, si habÃas deseado hacerle a éste un favor, o fuiste a llevárselo vivo a los argivos? En cambio, cuando nosotros no estábamos ya bajo la luz del sol por obra 1215 de nuestros enemigos —la ciudad lo habÃa indicado con el humo— mataste al huésped que habÃa venido a tu hogar. Además de eso, escucha ahora qué malvado vas a resultar. HabrÃa sido preciso, si es que tú eras amigo de los aqueos, que les hubieras dado el oro que afirmas tener, no como tuyo, sino de aquél, 1220 llevándoselo a gentes empobrecidas y desde hacÃa mucho tiempo en el extranjero lejos de su tierra patria. Pero tú ni siquiera ahora te atreves a apartarlo de tu mano, sino que insistes todavÃa en tenerlo en tu palacio. Ahora bien, si hubieras criado, como era 1225 necesario que tú hubieras criado a mi hijo, y lo hubieras salvado, habrÃas tenido buena fama. Pues los buenos amigos se notan muchÃsimo en las desgracias. En cambio, las buenas ocasiones, cada una por sÃ, consiguen amigos. Si tú hubieras escaseado de dinero y él hubiera sido rico, mi hijo habrÃa sido para ti un 1230 gran tesoro. Pero, ahora, no tienes a aquel hombre como amigo tuyo, y el disfrute del oro y tus hijos se te acaban, y tú personalmente lo pasas asÃ. Y a ti te digo, Agamenón, que, si ayudas a éste, parecerás un 1235 mal vado. Pues harás bien a quien no fue piadoso, ni leal en lo que debió serlo, ni honrado, ni huésped justo Afirmaremos que disfrutas con los malvados porque tú eres de tal calaña… Pero no injurio a mis amos.