Tragedias I
Tragedias I HERACLES. —Oye, tú, ¿a qué vienen esas miradas graves y preocupadas? El criado no debe poner a los huéspedes mala cara, sino recibirlos con ánimo afable. 775 Tú ves ante ti a un amigo de tu señor y lo recibes con rostro enfadado y cejijunto, por tomarte en serio un dolor ajeno a la casa. Ven aquÃ, para que yo te 780 haga más sabio. ¿Conoces tú cual es la naturaleza de las cosas mortales? Creo que no. ¿De dónde ibas a saberlo? Óyeme, pues: todos los mortales deben pagar el tributo de la muerte y no hay ninguno que sepa si 785 vivirá al dÃa siguiente. Oscuro es saber adónde se encamina la fortuna y no es posible enseñarlo ni aprenderlo por la práctica[64]. Una vez que has oÃdo esto y lo has aprendido de mÃ, alégrate, bebe, preocúpate sólo de tu vida de cada dÃa, lo demás déjalo en manos 790 de la fortuna. Honra también a la más agradable de las diosas para los mortales, a Cipris[65], pues es una divinidad benévola. Manda a paseo lo demás y haz caso de mis palabras, si te parece que hablo con sensatez, y asà lo creo. ¿No vas a dejar el dolor en 795 demasÃa y a beber con nosotros, saltando por encima de estas desgracias, con la cabeza a rebosar de coronas? Bien sé yo que de tu estado de ánimo sombrÃo y que atenaza tu corazón te sacará, llevándote a otro anclaje, el balanceo de la copa[66]. Siendo mortales debemos 800 tener pensamientos mortales, de modo que para todos los graves y cejijuntos, a tenerme a mà por juez, la vida no es realmente vida, sino desgracia.