Tragedias I
Tragedias I 935 ADMETO. —Amigos, considero más afortunado el destino de mi esposa, aunque parezca de otro modo, pues ya nunca la alcanzará ningún dolor; a sus muchos pesares puso fin con gloria. Yo, en cambio, que no deberÃa vivir, habiendo escapado a mi destino de muerte, 940 arrastraré una vida lamentable. Acabo de darme cuenta de ello. ¿Cómo podré soportar entrar en esta casa? ¿A quién saludaré al entrar y quién contestará a mi saludo, de modo que mi entrada en la casa sea agradable? ¿Adónde dirigiré mis pasos? La soledad 945 interior me echará fuera, cuando vea vacÃos el lecho de mi esposa y las sillas en que se sentaba y por las habitaciones el suelo polvoriento y a mis hijos que, abrazados a mis rodillas, lloran a su madre, y a los criados que gimen por su señora, que se les ha ido 950 de la casa. Esto es lo que sucederá en mi hogar. Fuera me atormentarán las bodas de los tesalios y las reuniones a las que asistan mujeres, pues no podré soportar ver a las compañeras de mi esposa. Y 955 cualquier enemigo mÃo dirá: «He aquà a quien vive con vergüenza, aquel que no se atrevió a morir, sino que, por cobardÃa, entregó a cambio a su esposa y escapó a Hades. ¿Creerá que es un hombre? Odia a sus padres, cuando él mismo no quiso morir». Tal fama se 960 añadirá a mis males. ¿Qué ganaré con vivir, amigos, abrumado por la mala fama y la desgracia?
CORO.
Estrofa l.ª.[76]