Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —Senado ilustre y pueblo romano invicto, cuya ciudad es y ha sido cabeza del universo, mirad si es lÃcito que de vuestra famosa ciudad hayan salido salteadores, los cuales vosotros jamás consentistes en vuestra clara república en los antiguos siglos, y me hayan robado a mà mi preciado caballo y a mi fiel escudero su jumento, sobre quien trae las joyas y precios que en diferentes justas y torneos he ganado o podido ganar. Por tanto, si aquel valor antiguo ha quedado en vuestros corazones de piadosos romanos, danos aquà luego lo que se nos ha robado, juntamente con los traidores, que, estando nosotros a pie y descuidados, nos han ferido de la suerte que veis. Si no, yo os reto a todos por alevosos y hijos de otros tales, y asÃ, os aplazo a que salgáis conmigo a singular batalla, uno a uno o todos para mà solo.
Dieron todos, en oyendo estos disparates, una grandÃsima risada; y, llegándoseles un clérigo, que más discreto parecÃa, les rogó callasen, que él, poco más o menos, conocÃa la enfermedad de aquel hombre y le harÃa dar de sà con entretenimiento de todos. Y, tras esto y el universal silencio que los circunstantes le dieron, se llegó a don Quijote diciendo: