Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha —A mà me parece, ¡oh buen sabio Lirgando!, pues por vuestro gran saber he sido traÃdo y curado en este vuestro insigne castillo, sin tenerlo servido, que ya es tiempo de que con vuestra buena licencia me parta luego para Zaragoza, pues vos sabéis lo mucho que importa a mi honra y reputación. Que si la fortuna me fuere favorable (y sà será siendo vos de mi parte), yo pienso presentaros alguna de las mejores joyas que en ellas hubiere, y la habéis de recebir por me hacer merced. Sólo os suplico que no me olvidéis en las mayores necesidades, porque muchos dÃas ha que el sabio Alquife, a cuya cuenta está el escribir mis fazañas, no lo he visto, y creo que de industria hace el dejarme solo en algunos trabajos, para que asà aprenda dellos a comer el pan con corteza y me valga por mi pico, como dicen. Por tanto, yo me quiero partir luego a la hora. Y si sois servido de enviar conmigo algún recado en mi recomendación a la sabia Urganda la Desconocida, para que, si fuere herido en las justas, ella me cure, y me haréis muy grande merced en ello.
Mosén ValentÃn, después de haberle escuchado con mucha atención, le dijo: