Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha
Segundo tomo del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha De cómo el buen hidalgo don Quijote llegó a la ciudad de Zaragoza, y de la estraña aventura que a la entrada della les sucedió con un hombre que llevaban azotando
Tan buena maña se dieron a caminar el buen don Quijote y Sancho, que a otro día, a las once, se hallaron una milla de Zaragoza. Toparon por el camino mucha gente, de pie y de a caballo, la cual venía de las justas que en ella se habían hecho; que, como don Quijote se detuvo en Ateca ocho días curándose de sus palos, se hicieron sin que él las honrase con su presencia, como deseaba; de lo cual informado en el camino de los pasajeros, estaba como desesperado. Y así, iba maldiciendo su fortuna por ello y echaba la culpa al sabio encantador, su contrario, diciendo que él había hecho por donde las justas se hubiesen hecho con tanta presteza para quitarle la honra y gloria que en ellas era forzoso ganar, dando la vitoria, a él debida, a quien él maliciosamente favorecía.
Con esto, iba tan mohíno y melancólico, que a nadie quería hablar por el camino, hasta tanto que llegó cerca de la Aljafería, adonde, como se le llegasen por verle de cerca algunas personas, con deseo de saber quién era y a qué fin entraba armado de todas piezas en la ciudad, les dijo en voz alta: